Sobre héroes y masas

 

Es un buen ejercicio de entendimiento rescatar de la memoria algunos hechos que forman parte de la historia de nuestro país, porque nos ilustran acerca del comportamiento humano que no es muy diferente a los de la actualidad. 

Ya lo decía con claridad Ortega y Gasset cuando apuntó las primeras definiciones de ese hombre moderno, ese hombre masa altivo y desafiante de todo aquello que lo llevó a una vida muy diferente a la de sus ancestros: “…la libre expansión de sus deseos vitales, por tanto, de su persona, y la radical ingratitud hacia cuanto ha hecho posible la facilidad de su existencia”.

Nuestro filósofo vernáculo, no menos culto y trascendente que el español, José Ingenieros, lo desarrolló en su monumental obra “El hombre mediocre”, al detallar y apostrofar contra esa figura contemporánea temerariamente insolente, que se lleva por delante todos los esfuerzos realizados por aquellos que dieron su vida por la humanidad, especialmente a través del desarrollo del pensamiento científico. Por eso no es de extrañar la abundante cantidad de “seres masas” que cuestionan las vacunas sin fundamentos científicos y ni siquiera empíricos, y ni hablar de los que sostienen y difunden la estupidez del terraplanismo. A esta altura del desarrollo científico pensar solamente en que la Tierra es plana atenta contra la humanidad. Bueno, pero tenemos diputados como Lilia Lemoine que sostiene (o sostuvo, porque no dijo más nada) este tipo de estupideces.

 

En definitiva, esto nos señala que este “hombre masa” o para estar a la altura de los tiempos linguísticos modernos, estas “mujeres masa”, no solo pueden hablar impunemente de estupideces, sino representar al pueblo en la “Honorable” Cámara de Diputados de la Nación. Es que ese “ser masa” ha venido avanzando en las últimas décadas y son tantos que ya tienen representantes institucionales.

Esto viene a cuento de las efemérides de este mes de febrero, las cuales se destacan el “combate” de San Lorenzo, al que la mayoría, por esas cuestiones de moda o porque el presidente Javier Milei estuvo presente después de 26 años en que ningún presidente argentino estuviera presente en el acto, habla de “batalla”, sin percatarse de ese error.

Gracias Milei por haber estado presente en el acto y saber cantar la Marcha San Lorenzo. Más allá de las diferencias políticas que puedan existir, la presencia presidencial en el acto del Combate de San Lorenzo constituye un gesto institucional que reivindica la memoria histórica.

Y es justamente frente a esa figura del ‘hombre masa’ que vale la pena detenernos en las efemérides de este mes de febrero. Una el 25 de febrero, el nacimiento del General José de San Martín, y el 27 de febrero, el izamiento de esa primigenia bandera en Rosario por decisión de Manuel Belgrano, en contra de las órdenes que provenían de Buenos Aires. Pero, tanto el buen Manuel como el santo José Francisco, no eran tales, sino personas que tenían valor y bien en claro hacia dónde confluían sus intereses nacionales. Porque San Martín también desoyó las órdenes de Buenos Aires cuando debía aplastar la rebelión de Estanislao López, que después, cuando San Martín se retiró al exilio y debía pasar antes por Buenos Aires a buscar a su hija Mercedes, López le advirtió que lo iban a encarcelar y asesinar. El brigadier santafesino, no con menos valor que ellos, le dijo a San Martín que “a su solo aviso estaré con la provincia en masa a esperar a V.E. en el Desmochado, para llevarlo en triunfo hasta la plaza de la Victoria”, todo esto en agradecimiento por no haber caído en la trampa de derramar “sangre de hermanos” debido a esos enfrentamientos que posteriormente quedarían plasmados en la historia como unitarios y federales.

 

En carta a su amigo y compañero de armas Tomás Guido, San Martín hace referencia a las barbaridades que decían sobre él, todas con intencionalidades políticas, y por miedo a que participara en las egoístas rencillas internas de Buenos Aires, pero aclarando un aspecto que se asemeja a la visión del “hombre masa”: “… lo general de los hombres juzgan de lo pasado según la verdadera justicia y lo presente según sus intereses. Por lo que respecta a la opinión pública, ¿ignora V., por ventura, que de los tres tercios de habitantes de lo que se compone el mundo dos y medio son necios y el resto pícaros con muy poca excepción de hombres de bien? Sentado este axioma de eterna verdad, V. debe saber que yo no me apresuraré a satisfacer semejante clase de gentes: pues yo estoy seguro que los honrados me harán la justicia a que yo me creo merecedor”.

Siempre fue difícil sostener ideologías y conductas que se ajusten a una ética teórica cuando se trabaja en el campo de las acciones, pero nunca fue tan doloroso cuando aparece ese juzgamiento desde el anonimato, donde habita ese “ser masa” que no hace nada, porque es temeroso y necio, pero, sobre todo, porque habita una civilización cuyos beneficios disfruta sin reconocer el esfuerzo moral e intelectual que la hizo posible.

 

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