Historia fría como los glaciares

 

Se aprobó en la Cámara de Diputados de la Nación la reforma a la Ley de Glaciares. Ya es una sanción definitiva, porque se había aprobado en la Cámara de Senadores.

 

Este proyecto de reforma generó muchas discusiones y movilizaciones de parte de sectores de la sociedad y movimientos ecologistas en especial, que sostienen que es necesario mantener la ley tal cual estaba promulgada desde el año 2010. Ley que era una de las más estrictas en Latinoamérica, porque resguardaba a los glaciares y a todos los sectores adyacentes, llamados periglaciares, de cualquier actividad industrial. El objetivo de la ley era velar por el cuidado del agua y del entorno ambiental. 

La actual reforma permite actividades industriales, específicamente las mineras, en sectores que no sean estrictamente glaciares y que no resulten un peligro para la contaminación acuífera. Pero, en realidad, es un marco general, ya que otorga la responsabilidad a las provincias de definir esas cuestiones, es decir, de determinar cuál o tal lugar es propicio para el desarrollo de actividades económicas. En definitiva, relaja el cuidado estricto de todos los sectores vinculados a los glaciares.

Si supiéramos que en ambas cámaras de representantes están repletas de legisladores estudiosos, responsables, preocupados por debatir con fundamentos, tal vez tendría menos dramatismo todo este proceso por el cual se llegó a aprobar la ley. En cambio, pululan en su mayoría legisladores apáticos (por no decir interesados), algunos con un grado de llamativa brutalidad, otros fanáticos de posiciones ideológicas, otros que son arriados por los líderes de sus bancadas, en fin, un variopinto de personalidades que parecen lejos de querer y poder entablar discusiones serias, fundamentadas con información científica, ansiar el bien común, conocer la historia y poder mirar hacia un futuro promisorio.

En realidad, el mundo está así, apático, decididamente desinformado, aunque la tecnología le ponga en sus manos mucha información relevante. 

Las discusiones de muchos legisladores trasuntaron por insultos y epítetos ideológicos, como si el tema fuera de posiciones políticas y no de un delicado tratamiento de temas ambientales y de intereses monetarios alrededor de la minería. 

Hay que tener en cuenta que una vez establecidas las industrias extractivas se pueden observar varias consecuencias: es falso que se enriquezca la región donde están establecidas este tipo de industrias; nadie vela por controlar a esas empresas; llamativamente se enriquecen funcionarios ligados a este tema; la contaminación existe. A modo de ejemplos a la mano, para tener en cuenta a la hora de definir tamaña actividad económica.

Nos queda el consuelo de que esto no es nuevo, ya tuvimos debates parlamentarios duros como los ocurridos en la época del tratado de carnes, cuando Lisandro de la Torre arremetió con furia fundamentada acerca de los acuerdos del gobierno y los intereses de los frigoríficos ingleses, conocido como pacto Roca- Runciman. Hasta le costó la vida a Enzo Bordabehere, el compañero de bancada de Lisandro de la Torre, cuando un ex – policía vinculado a sectores conservadores ingresó al senado en plena sesión con el objetivo de matarlo, pero se interpuso Bordabehere y lo terminó asesinando.

En fin, historias aparte, el presente se niega a formar parte de una historia interesante, apasionada y justa, solo persiste en mostrarse tan vulgar y lánguida que no dejará huellas que valgan la pena recordar. Será una historia fría y solitaria, como los glaciares a los que parece han quedado abandonados a la buena de Dios.

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