Sebastián Gaboto, (Venecia, 1484 – Londres, 1557)
El historiador de Puerto Gaboto, Ricardo N. González, (autor de Puerto Gaboto. Génesis y desarrollo histórico-social del primer pueblo argentino”), criticó un artículo publicado por el conocido historiador y divulgador Felipe Pigna en el diario Clarín de Buenos Aires, sobre Sebastián Gaboto, en el que se afirma que el marino que llegó a estas tierras en 1526 “traicionó” al rey de España
Aquí, la nota completa del profesor González:
El diario Clarín publicó el artículo titulado “Sebastián Gaboto: el marino que ‘traicionó’ al Rey de España y se obsesionó con un tesoro mítico”, una nota de divulgación histórica basada principalmente en interpretaciones difundidas por Felipe Pigna. Como historiador regional dedicado desde hace años al estudio de la expedición de Sebastián Gaboto, del Fuerte Sancti Spíritus y de los orígenes históricos de Puerto Gaboto, considero necesario efectuar algunas observaciones críticas.
Debo señalar, en primer lugar, mi reconocimiento a Felipe Pigna, uno de los historiadores y divulgadores más importantes de la Argentina contemporánea. Su aporte para acercar la historia al público masivo es indiscutible. Sin embargo, la popularidad de una interpretación no la convierte necesariamente en una verdad histórica definitiva. La investigación histórica exige confrontar permanentemente las afirmaciones con las fuentes documentales disponibles.
El primer problema aparece ya en el título. Presentar a Sebastián Gaboto como el hombre que "traicionó" al rey de España constituye una caracterización periodística antes que una conclusión historiográfica. Es cierto que Gaboto abandonó el objetivo original de su expedición, que consistía en dirigirse hacia las Molucas por la ruta de Magallanes. También es cierto que fue sometido a juicio a su regreso a España. Sin embargo, los cargos documentados se relacionan con el incumplimiento de instrucciones reales y con diversas irregularidades en la conducción de la empresa, no con una traición política a la Corona. Gaboto nunca se puso al servicio de un enemigo del rey ni conspiró contra la monarquía española. El término "traición" introduce una carga dramática que no surge de la documentación conservada.
Otro aspecto cuestionable es la insistencia en presentar a Gaboto como un hombre obsesionado por un tesoro legendario. La llamada Sierra de la Plata no era simplemente una fantasía nacida de la imaginación de los conquistadores. Cuando Gaboto llegó a Santa Catarina recibió testimonios de náufragos sobrevivientes de expediciones anteriores y noticias transmitidas por indígenas guaraníes acerca de regiones interiores donde circulaban objetos de plata. Aquellas informaciones tenían una base real y hoy sabemos que estaban indirectamente vinculadas con los territorios andinos donde pocos años más tarde los españoles descubrirían las enormes riquezas del Imperio Inca y del Cerro Rico de Potosí.
El artículo también menciona la supuesta presencia de prostitutas embarcadas desde las Islas Canarias. Sin embargo, hasta el presente no existe documentación conocida que permita afirmar semejante cosa. Ni los registros de la Casa de la Contratación, ni los procesos judiciales contra Gaboto, ni la documentación conservada en el Archivo General de Indias aportan evidencia directa sobre ese hecho. Se trata de una afirmación repetida ocasionalmente en algunos relatos divulgativos, pero no respaldada por pruebas documentales verificables.
Otra afirmación que merece revisión es la idea de que Gaboto habría impulsado o propuesto la conquista de las Molucas. No existe constancia documental de que haya presentado al rey Carlos I un proyecto de conquista militar de aquellas islas. La expedición de 1526 tenía una finalidad esencialmente comercial, estratégica y de apoyo a la empresa de García Jofre de Loaysa. Además, la composición de la armada, aunque incluía soldados y armamento, distaba mucho de representar una fuerza destinada a la conquista territorial de un archipiélago tan distante. Hablar de un proyecto de conquista de las Molucas atribuido a Gaboto constituye una interpretación que no surge claramente de las fuentes.
La nota también incurre en un error cronológico al referirse a la expedición de Diego García de Moguer. Se afirma que habría sido enviada al Río de la Plata para obtener noticias de Gaboto. Esto es históricamente incorrecto. La expedición de Diego García había sido organizada con anterioridad y tenía como objetivo propio la exploración y explotación comercial del Río de la Plata. Cuando García llegó a la región encontró a Gaboto ya instalado en el escenario rioplatense. Ambos expedicionarios coincidieron posteriormente, pero la empresa de García no fue concebida como una misión de búsqueda o rescate.
Uno de los problemas más frecuentes en los relatos sobre Sancti Spíritus es la confusión entre historia y leyenda, situación que también aparece reflejada en la nota. Los nombres de Siripo y Mangoré, asociados tradicionalmente a la destrucción del fuerte y a la historia de Lucía Miranda, no aparecen en ningún documento contemporáneo a los hechos ocurridos entre 1527 y 1529.
Estos personajes surgen recién en La Argentina, obra escrita por Ruy Díaz de Guzmán hacia 1612, más de ochenta años después de la destrucción de Sancti Spíritus. La historiografía moderna considera que la historia de Lucía Miranda pertenece fundamentalmente al ámbito de la tradición literaria y legendaria. Por lo tanto, presentar a Siripo y Mangoré como personajes históricamente documentados implica confundir una creación literaria del siglo XVII con evidencia histórica.
Asimismo, el artículo parece mezclar distintas etapas de la vida de Gaboto al afirmar que luego de regresar de América se marchó a Inglaterra y realizó viajes por las costas de América del Norte. En realidad, los viajes de exploración vinculados a Terranova y al litoral norteamericano corresponden fundamentalmente a las expediciones realizadas junto a su padre, John Cabot (Giovanni Caboto), especialmente la de 1497. No existe evidencia de que inmediatamente después de su regreso de la expedición rioplatense emprendiera nuevas exploraciones de ese tipo.
Lo que sí está documentado es que posteriormente obtuvo autorización para incorporarse al servicio de la Corona inglesa, donde desarrolló una destacada actividad como organizador y asesor de expediciones marítimas. Durante sus últimos años contribuyó al desarrollo de rutas comerciales hacia el norte de Europa y Rusia, desempeñando un papel relevante en las iniciativas que desembocaron en la apertura de nuevas vías comerciales inglesas hacia el Mar del Norte y las regiones rusas. Permaneció vinculado a Inglaterra hasta su muerte en 1557.
Finalmente, resulta llamativo que una nota dedicada a la expedición de Gaboto otorgue escasa relevancia al acontecimiento más trascendente de aquella empresa: la fundación del Fuerte Sancti Spíritus el 9 de junio de 1527, en la confluencia de los ríos Carcarañá y Coronda. No se trató simplemente de una escala en la búsqueda de riquezas. Fue el primer asentamiento europeo establecido en el actual territorio argentino y el punto de partida de un proceso histórico de enorme trascendencia para la región del Plata.
En definitiva, el artículo de Clarín constituye un texto eficaz desde el punto de vista periodístico y divulgativo, pero presenta varias simplificaciones, afirmaciones no demostradas y algunos errores históricos concretos. La figura de Sebastián Gaboto merece ser analizada desde la complejidad de su tiempo y a partir de la documentación disponible, evitando tanto la construcción del héroe como la del aventurero obsesionado o la del supuesto traidor.
La tarea del historiador consiste precisamente en distinguir entre documentos, hipótesis, interpretaciones y leyendas. Cuando esas fronteras se vuelven difusas, el relato puede resultar atractivo, pero deja de reflejar con fidelidad la compleja realidad histórica que intentamos comprender a casi cinco siglos de distancia.
