A 213 años del bautismo de fuego del Cuerpo de Granaderos a Caballo

 

Por Gastón Marmonti

(Adaptación a novela histórica, manteniendo datos y hechos verídicos)

Óleo de Pedro Subercaseaux – Combate de San Lorenzo (1909) – Museo de Armas de la Nación

 

Anochece en un caluroso San Lorenzo, allá en Santa Fe, junto al Paraná… No va a refrescar. Soplan vientos cálidos del norte. El sol naranja justamente se posa en el occidente, recortando la silueta de los escasos árboles y el convento de San Carlos Borromeo…

Es la noche del 3 al 4 de febrero de 1813… Un sargento a cargo de una patrulla de orgullosos granaderos montados, le pide el “Santo y Seña” a un Sargento 2do que ocupa la Guardia en la parte trasera del Convento. “Cabral – Mártir de San Lorenzo1” le susurra muy despacio…

Para que el lector entienda cuando esta patrulla regrese al campamento en el Convento; un centinela escondido le gritará ¡ALTO!: ¿SANTO? Y el Sargento le contestará: “Cabral” y éste esperará que el centinela le complete la SEÑA: “Héroe de San Lorenzo” para que la patrulla sepa que el centinela es propia tropa…

Este procedimiento que requiere de memoria y no ponerse nervioso, ha traído consecuencias engorrosas, trágicas y hasta divertidas como relata el Martín Fierro cuando el gaucho regresa ebrio al fortín y el centinela con acento italiano le pregunta: “¿Quién vívore? ¿Qué víboras? Dije yo. ¡Ha garto!, Me pegó el grito; y yo dije despacito: ¡Más lagarto serás vos!

Lo cierto es que como indicara el parte que ya lleva el teniente Mariano Necochea al gobierno; “…los granaderos de mi mando en su primer ensayo, han agregado un nuevo triunfo a las armas de la patria…” en palabras del coronel José de San Martín dieron cuenta de casi 60 bajas de los 350 Milicianos Urbanos de Montevideo que desembarcaron cerca de las 5.00 h de la mañana…

Y no sólo eso. Luego de dos terribles cargas de 140 granaderos, separados en dos compañías de 70 aproximadamente (unos quince que portaban tercerolas 2, se pertrecharon en el Convento, en mi opinión: por si había que cubrir la retirada…), tomaron por sorpresa al capitán andaluz Juan Antonio de Zabala, quien a gritos de: ¡Viva el rey! trató infructuosamente de maniobrar ante la embestida criolla.

El oficial español se suma a la lista de heridos, la (herida) de él… en la pierna por la primera fila de granaderos que portaba lanza…

Ya de noche en San Lorenzo. Calor y viento cálido del río. Un perro se escucha ladrar a lo lejos. La zumaca española “Jesús” se ha acondicionado como enfermería y por qué no, como hospital, por el número de heridos por los sables y las lanzas rebeldes…

En el Convento, frailes “españoles al servicio de la Patria” y el doctor Francisco Cosme Argerich trabajan sin descanso desde la mañana, después del combate. Tratan infructuosamente que los 22 granaderos heridos, no se sumen a la columna de los 6 muertos…

El capitán de artillería urbana de Montevideo Zabala, no puede descansar… la herida en la pierna cocida por el cirujano naval le molesta; pero, el verdadero fastidio que sufre es la derrota ocasionada por los granaderos a caballo…

Lo emboscaron ocultos detrás del Convento, lo venían avistando por la costa rebelde y no lo sabía… ¿De dónde ha salido este San Martín? Los trozos de la carga eran perfectos, los uniformes parecían europeos y las evoluciones (cambios de formación)… esos sables latosos masacraron a muchos… los oficiales, sus oficiales y el deshonor de perder la bandera con la cruz de San Andrés con las letras bordadas en rojo; VIVA en el centro y  F y VII en los laterales de la cruz: “Viva el Rey Fernando VII”.

Era todo muy injusto, como pago a sus esfuerzos por adiestrar a los infantes desde semanas atrás… se escucha la guitarra y las carcajadas enemigas… A decir verdad, se salvaron de quedar encerrados por unos minutos. La última carga, ese toque: “A degüello” comprobaron con terror de qué se trataba y con pavor buscaron la protección del acantilado, gritos, pánico y el “sálvese quien pueda” remando hacia los buques…

Las patrullas de los granaderos a caballo, confirman que la escuadrilla permanecerá fondeada, esa noche del 3. Ya hay un puesto fijo de guardia, con catalejo, instalado en el campanario.

En la mañana del día 4, Zabala y San Martín se conocerán en persona. Los dos heridos disimularán dolores musculares y magullones. Desayunarán… Intercambiarán prisioneros; Zabala regresará pasado el mediodía y se pondrá a charlar con el corso Don Rafael Ruiz, comandante de la escuadra española al servicio del virrey Gaspar Vigodet. Ambos centran la charla en un solo tema: San Martín.

A la derrota del Cerrito del 30 de diciembre pasado, se le sumará el disgusto del “escarmiento” de San Lorenzo… Montevideo sitiada por tierra, con 5000 almas por alimentar, entrará en una fase crítica…

Zabala muy consciente en su silencio, comprende que ha sido una casualidad el no haber sufrido un descalabro mayor…

 

El entonces teniente coronel San Martín había escrito en un manual de instrucción de sus granaderos montados: “No es suficiente arrojarse con valor al enemigo” se necesita también “aquel grado de inteligencia que debe distinguir a cada oficial según su lugar y obligaciones: ni pueden los soldados obrar nunca con espíritu, si no tienen confianza a la capacidad de sus jefes.”3

Estas palabras -resumidas- fue la arenga final a sus hombres del Coronel antes de lanzar las dos compañías de granaderos a su bautismo de fuego.

San Martín es un militar profesional, formado en los campos de batalla de España. No improvisa un centímetro, no es un ataque de gritos y chuzas… es un ataque de emboscada, de silencio, de cálculo exacto de las velocidades de caballo de guerra de cerca de 900 a 1000 metros por minuto; para enfrentar una fusilada enemiga y barrer con lanzas, para seguir en segunda fila con sables… es dejar llegar a los godos a 400 metros, es el resumen de casi un año de adiestrar músculos de hombres y caballos…

Pero lo más importante es la confianza entre oficiales y soldados; no es confianza de trato, es la disciplina más austera del reglamento español de Carlos III; es la confianza de superior y subalterno y de la sonrisa con dientes apretados cuando se carga y la muerte va apareciendo de costado… entre los estribos…

Cuando el teniente Hipólito Bouchard captura la bandera española y deja herido al oficial portaestandarte, otros se han lanzado sobre un erizo de bayonetas para permitirle arrebatar este trofeo… los granaderos a caballo, constituyen un equipo de soldados que piensan, combaten, gritan y mueren respondiendo a órdenes del trompa después de miles de prácticas en el Retiro… en Buenos Aires.

También llega la noche al día 4 de febrero… parte de la escuadra aprovecha el viento y se hace a la vela rumbo a Montevideo. Los granaderos los siguen, repartidos en busca de un segundo round que no llegará…

Antes, los Jefes Sargentos recogen el SANTO y SEÑA del día 4: “Los godos – humillados en el Paraná.”

 

 

1 Pasqualli P., San Martín, La fuerza de la misión y la soledad de la gloria – Pag 158.

2 TC Anschütz C., Historia del Regimiento de Granaderos a Caballo (1812 - 1826) Tomo I Volumen 323 / Pag 87. Tercerola / Carabina: “La carabina era la de chispa, llamada de cazoleta, de 22 adarmes de calibre, que el granadero llevaba a la espalda, sujeta por tiros de suela. La munición se llevaba en paquetes de 10 cartuchos, en las cananas o cartucheras que hacían juego con el cinturón y tiros del sable”.

Nota del Autor: La tercerola era más corta que la carabina, para poder llevarla terciada en la espalda sin molestarse con el caballo.

3 Lynch J., San Martín soldado argentino, héroe americano – Pag 79.

 

Nota publicada en la edición papel de SÍNTESIS N˚ 1673, de fecha viernes 6 de febrero de 2026

 

 

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