
Entré,
una vez más,
y no fue el convento
quien me habló.
Esta vez
fue una forma
de estar en el mundo.
Sentí que San Martín
ordenaba el silencio
para que otros crezcan.
Aprendí que la patria
no se levanta con bronce
sino con pasos
que no buscan aplauso.
El cuerpo entendió la lección:
avanzar duele,
retroceder también,
pero quedarse quieto
es la verdadera derrota.
No hubo una sola mirada,
hubo horizonte.
No hubo una verdad cerrada,
hubo decisión.
San Martín miró lejos
para que hoy podamos
mirar distinto.
Por eso la historia
no es un relato único,
es un ejercicio:
cambiar de ojos
sin perder el rumbo.
En el convento quedó eso,
como quedan las huellas
cuando el camino sigue:
una voz —
la voz que no se ve—
que todavía conduce.

Desde la tierra del cóndor andino,
desde la República de Colombia,
yo, soldado colombiano, a pie de firmes
y con el corazón en alto,
saludo con respeto marcial
al excelso General José de San Martín,
Padre de la Libertad Argentina
y libertador de pueblos del sur de nuestra América.
Reciba usted,
en la eternidad de la historia,
el saludo de un hermano de armas,
combatiente de la misma causa que encendió su espada:
la dignidad del hombre americano
y el derecho sagrado de los pueblos a gobernarse libres.
En nombre de Señor General Simón Bolívar,
Libertador de Colombia y de naciones hermanas,
evoco el histórico encuentro de dos gigantes
que no buscaron gloria personal,
sino la libertad de América.
Que los ecos de guerra y victoria
no nos hablen solo de fusiles y batallas,
sino de la hermandad entre pueblos,
de respeto entre caballeros,
de la lealtad entre soldados
que aprendieron que la patria no termina en una frontera,
sino que se extiende donde haya un hombre
que luche por su libertad.
…¡Gloria eterna a los libertadores!
¡Honor a los pueblos libres de América!
¡Honor a la caballería de la independencia!
¡Que truene la artillería de la memoria!
¡Que cabalgue eternamente la libertad sobre la tierra americana!
Hoy, desde Colombia, saludamos a Argentina como nación hermana.
Nos une la sangre derramada por ideales, nos une la cordillera que no divide sino que arraiga corazones, nos une la memoria de quienes hicieron de la espada un instrumento de justicia y no de opresión.
Desde los campos donde flamea el tricolor colombiano, honramos la memoria de aquel que cruzó montañas imposibles, que desafió imperios, que sembró independencia en la vasta pampa gaucha y que prefirió el silencio del retiro antes que el ruido de la ambición.
Que flameen los colores de Argentina y Colombia como llamas gemelas encendidas por el mismo sacrificio.
Que el clarín anuncie no la guerra fratricida, sino la unidad indestructible de las repúblicas hermanas
Que nuestras repúblicas no olviden el precio pagado.
Que nuestras generaciones comprendan que la libertad no es herencia pasiva, sino juramento permanente.
Mientras exista un soldado que ame su bandera
más que su propia realidad
Mientras exista un ciudadano,
que prefiera la dignidad al silencio.
Mientras exista un niño
que pregunte qué significa ser libre.
Entonces América seguirá de pie

José de San Martín, genio y figura
desde el mar y los llanos hasta el Ande nevado.
Atravesando tantas leguas sin dueño;
soportando desaires, desamparos.
Sin embargo, firme tu postura
así fuera en la batalla o campamento.
Voz de mando sobrada, dando ejemplo
cuando la patria impuso alzar la espada.
Supiste negociar, mediar entuertos
porque la libertad llegue a buen puerto.
Supiste renunciar a los laureles,
Te bastó la libertad, libar sus mieles.
El himno del Perú canta tu nombre,
fuiste grande entre grandes más, tu sable
no salió de su vaina por desaires.
La ignorancia es madre de la desgracia.
Tus máximas sujetan tu legado:
libertad de los pueblos, enseñanza,
respeto, si se quiere ser respetado.
Frugal ha de ser aquel que amor profesa
a su patria, su raza, valentía.
Sea bendito por siempre tu nombre,
de la patria eres padre y orgullo.
De la espada eres santo en vigilia.

Arroyo de las vacas
el sol de la patria
está a punto de asomar.
Con 125 granaderos
el líder les imparte la estrategia.
Detrás de la torre del convento,
el capitán Bermúdez lo interrumpe:
-- coronel ¿qué más tendremos que hacer?
- No se preocupe, soldado
En el centro del campo de batalla
Les termino de responder…
¡Oh José Francisco! ángel montado
En su caballo bayo,
lleva al frente tu poder.
La libertad es una fruta cara
que solo el alma buena la podrá defender.
San Lorenzo, silencio.
El guerrero azul y blanco
está aquí, presente,
y el sargento Cabral
lo cubre con su cuerpo valiente.

1. San Martín, Libertador
Con paso firme cruzó la cordillera,
desafiando al frío, al miedo y al dolor,
llevaba en el alma la Patria entera
y en su espada brillaba la razón.
No buscó honores, ni tronos, ni fama,
solo pueblos libres y dignidad,
por eso su nombre jamás se apaga,
vive en la historia, vive en la verdad.
San Martín, soldado de ideales,
general del deber y del honor,
tu ejemplo guía a los mortales
que aún creen en patria y en valor.
2. El Cruce de los Andes.
Subió la tropa la blanca montaña,
rugía el viento, temblaba la piel,
pero un sueño de patria acompañaba
al pueblo entero detrás de él.
Andes gigantes, muro de hielo,
no pudieron su marcha frenar,
cuando la causa es limpia y sincera
no hay imposibles que puedan más.
San Martín avanza, no mira atrás.
Libertad su bandera final,
cruzó la historia, venció la eternidad
y su ejemplo no morirá jamás.
3. El hombre que supo partir
Pudo quedarse con gloria y poder,
con aplausos, honores y altar,
pero eligió el camino más fiel:
renunciar para no dividir ni mandar.
Se fue en silencio, sin rencor,
con la patria latiendo en la piel,
porque el verdadero libertador
sabe cuándo luchar y cuándo ceder.
San Martín, maestro de integridad,
lección viva de humildad y razón,
tu nombre es bandera de identidad
y tu vida, eterna revolución.
4. San Martín fue valiente y leal,
luchó por la patria y la libertad,
cruzó los Andes sin dudar
para a su pueblo poder liberar.
Nos enseñó con ejemplo y honor
a amar la tierra y hacer el bien,
por eso hoy lo recordamos
como héroe grande, justo y fiel.

José no alcanzan
todos los laureles
que veo a mí alrededor
para homenajearte
cómo debiéramos.
Tus huellas en los Andes,
aún marcan el camino,
algunos los transitan
pero no las ven.
No pueden obviar
tu epopeya,
pese a los años transcurridos
en la cordillera siguen estando.
Hay infinitos lugares
que llevan tu nombre,
pero eso no basta.
Tus convicciones,
anhelos de libertad
¡Eso debiera estar en nosotros!

EL 25 de Febrero de 1778, naciste en Yapeyú,
Liberaste Argentina, Chile y Perú.
Creaste un regimiento
de granaderos a caballos.
Lideraste el cruce de Los Andes,
ganaste el Combate de San Lorenzo.
Renunciaste al poder,
y te retiraste sin cargos, sin gloria.
Tu desinterés personal,
tu libertad sin ambición.
Ante todo un gran corazón,
detrás de ese hombre honrado,
que hoy nos deja su legado,
ética, respeto y educación.
Inspiraste amor por la verdad,
dejando a un lado la mentira.
Inspiraste amor a la Patria y a la Libertad.
Dijiste: Seamos libres, que lo demás no importa nada.
Y no fueron sólo palabras,
fue una orden, ¡mi General!
Tu caballo fue herido y caíste, en plena batalla,
Y en ese preciso momento
como un ángel apareció
un gran soldado heroico.
A salvar al libertador.
Recibiendo heridas mortales,
con honor y valentía,
Cabral se convirtió en ejemplo.
De entrega y lealtad.
Permitiéndole al general
seguir con vida.
“Porque cuando la Patria está en peligro,
todo está permitido, excepto no defenderla.”
Francia te vio partir,
un 17 de Agosto de 1850.
Fuiste militar y estratega.
Fuiste JOSÉ DE SAN MARTIN.

Ojos que hablaban de libertad.
Mirada intensa, imposible de olvidar.
Mente brillante,
pensamientos diplomáticos,
audaces, estratégicos...
Diestra que usaba la pluma
con el mismo ímpetu que a un sable.
Hombre de valores, intimidante sabio,
y humilde a la vez.
Liderazgo ejemplar,
maestría insuperable
para motivar a los hombres
en el camino hacia la libertad.
No necesitó del lujo,
ni presumió de su cargo,
ni de su sapiencia,
para destacar su presencia...
Su esencia hablaba de él.
Fue soldado de honor.
Esposo y fiel compañero,
amoroso y sacrificado,
padre y abuelo ejemplar.
Sus galardones alegraron a sus retoños.
Fue el gran cóndor que hizo
cumbre hasta la eternidad
entre los hombres de buena voluntad.
Fue el supremo emancipador de naciones.
No lo detuvieron mares, ni altas montañas
para dejar su herencia a los pueblos libres.
Mentor del conocimiento
en las letras, y la cultura.
Eterna gratitud a quien hizo
de lo imposible, todo lo indispensable.
Gloria y loor, honra sin par
al General Libertador
¡Don José de San Martín!

Cabalgaba muy erguido
un ejercito lo acompañaba,
en caminos muy sinuosos
la cordillera una trampa.
Fueron hombres, caballos y mulas
que por el frío, por derrumbes
o la nieve… en el camino quedaban.
Supo planear los cruces
la noche los abrazaba
y con los primeros rayos de sol
el ejército avanzaba.
Tubo una derrota muy dura
y batallas muy bien ganadas
luchaban por un país libre,
con sueños, con esperanzas,
San Lorenzo y el Convento
cobijaron a los soldados,
mientras en el río bravío
los enemigos acechaban,
el caballo de San Martin
cae herido en la batalla,
apretándolo bajo su peso
mientras una bayoneta
feroz se le acercaba,
haciendo de escudo humano,
se interpuso el soldado Cabral
dando la vida por su jefe
por la patria y sus hermanos,
así comenzó La historia
de San Martin con un puñado
de valientes paisanos.

Juan Bautista, gurí correntino,
en Saladas, nació.
La mulata Carmen,
como madre amorosa, lo arropó.
La figura paternna
jamás se conoció.
El estanciero José Jacinto Cabral,
su apellido le dió.
En el rancherío de la orilla
con porte robusto y sano, creció
Muchacho moreno y fuerte,
en guaraní, jaguá se lo llamó.
Cual perro fiel,
a la Patria y a su bandera defendió
Analfabeto en español,
pero buen hablador en guaraní.
A los veintitrés, al ejército se incorporó.
Como correntino de ley,
a la caballería se sumó.
Así es que con los granaderos, debutó.
Y en San Lorenzo, el soldadito,
al libertador, acompañó.
Cubriéndose de gloria, este héroe,
en el fragor de la batalla,
al Gran San Martín, salvó.
Allí, su vida simple y joven, perdió.
La historia, Sargento lo distinguió
Honor, honor, al Gran Cabral !!!!
El pueblo entero cantó.

Ese anciano de blancos cabellos
que se ve por Boulogne sur Mer
contemplando los barcos aquellos
que nunca se pueden detener.
Enfundado en su oscura levita,
aferrado en su diestra el bastón,
contemplando los barcos que agitan
el oleaje de su corazón.
Es el héroe argentino más grande,
es José, José de San Martín.
A sus pies se arrodillan Los Andes,
monumento del gran paladín.
Galopando en su blanco caballo
dueño de inquebrantable virtud
repartió la semilla de mayo
a los americanos del sud.
Su misión en la vida es completa,
ahora es tiempo para descansar
y contarle la historia a sus nietas
de esos pueblos allende del mar.
Imagina el ansiado retorno,
imagina a su patria volver,
de La Quiaca hasta el Cabo de Hornos
imagina en Boulogne sur Mer.

Yo soy un granadero sin caballo
vendí hasta los botones de mi traje
heridas solo llevo de equipaje
y contra la miseria hoy batallo.
Ya llega el Villarino a nuestro puerto
te cubre la bandera de los andes
te esperan los pequeños y los grandes
y eres tú el más grande, estando muerto.
Hay siete compañeros que te velan
en ellos las nostalgias son muy hondas
yo espero general que me respondas
las dudas que me angustian y desvelan:
¿Temiendo acaso al vil que te destierra
Dejaste solo al pobre en nuestra tierra?
El "octavo granadero" funciona como una figura poética que representa al ciudadano común y al pueblo humilde, quien se suma simbólicamente a los siete veteranos históricos para conformar una guardia de honor moral. A diferencia de la escolta oficial, este personaje viste la miseria y las heridas como uniforme, asumiendo el rol de "voz de la conciencia" para interpelar al General San Martín sobre el desamparo de los pobres y reclamar su lugar como heredero legítimo de la gesta libertadora.

Historiadores contaron sus hazañas.
Poetas alabaron sus virtudes
y los niños
dibujaron millones de veces
al héroe que cruzó los Andes.
Los que lo conocieron
contaron miles de anécdotas,
Verdiales nos regaló algunas.
Anécdotas, semblanzas y dibujos
pintaron la leyenda de un gigante.
Cuando la palabra es clara
y la acción firme
los hombres responden,
como en San Lorenzo,
cuando les pidió a sus Granaderos
que se portaran a la altura de lo que
se esperaba de ellos,
los hombres respondieron.
Por toda América
el grito de libertad se escucha
en la sangre
“seamos libres que lo demás no importa nada”
¿Quién conoce a Don José?
¿Quién puede hablar del corazón de San Martín?
¿Qué sintió mientras liberaba pueblos y moría Remedios?
¿Qué palabras pronunció su boca en Guayaquil?
¿Para quién fue su último pensamiento?
Como si de la madre tierra se tratara
su niñera, mujer guaraní,
lo mecía suavemente
en las calurosas tardes de Yapeyú.
Rosa Guarú, susurraba
“cunumí querido, lindo cunumí,
duerme que a tu lado vela Tupá si”.
En la argentina inmensidad
el Gran Capitán
todavía vela por nosotros y nos susurra al corazón:
“seamos libres que lo demás no importa nada”.

Nació en Yapeyú,
Corrientes de corazón.
Siempre se sintió valiente.
José Francisco de San Martín,
así se llamaba el servidor
Del que aquí describo
en presente y entusiasmada.
Formarse lejos de su Patria,
siendo tan solo un niño,
y con muchas batallas ya ganadas.
Hasta que su Patria lo necesitó
y sin pensar regresó.
Solo en su mente repetía:
“Juraré luchar en lo largo de mis días
y morir, si es preciso, por ella.
Aunque antes de que eso suceda,
en muchos campos de batalla
cubriremos de gloria a este país que tanto soñé
y a este suelo que nunca olvidé”.
Pidió crear su Regimiento
de Granaderos y soldados.
No fue fácil:
Cuantos más caballos faltaban,
más granaderos y hombres necesitaban.
Con respeto y educación así lo formó,
nunca faltó la disciplina.
Su primer combate llegó
y San Lorenzo lo acogió.
Ya llegan los realistas,
y muy corto fue el enfrentamiento.
Casi su vida pierde,
y como a todos les inculcó,
Cabral su vida dio.
Hombres de espíritu,
con sabores a victorias,
luchas y glorias
que jamás olvidaremos.
Así se llamaba mi general correntino,
José Francisco de San Martín,
que jamás pasará al olvido.

Que callen todas las voces
y suene el estridente clarín
para rendirle homenaje
a José de San Martin.
Aquel patriota argentino
que con empuje y valor
enfrento al cruel enemigo,
de su tierra, el invasor.
Forjo en sus bravos guerreros,
templanza y disciplina,
como quien templa el carácter
en la fragua de la vida.
Con la humildad de los grandes
renunció a premios y ascensos,
fue inflexible ante el deber,
hombre sencillo y modesto.
Canten los pueblos del sur
odas al padre ejemplar,
y en el bronce se cubra de gloria,
La figura del Gran Capitán.
Sean eternos los laureles
que supiste conseguir,
grande ha sido tu proeza
Don José de San Martin.

Agazapados
detrás del Convento
San Martín y sus hombres
esperan en silencio.
La flota realista
dispuesta al arrebato
a una nueva conquista,
como en otros pueblos,
avanza a lo largo del río Paraná.
El gran estratega
los toma por sorpresa.
El Convento, antes refugio,
es testigo mudo de
la historia en ciernes.
Esta vez no se saldrían con la suya.
San Martín, por entonces,
Coronel de Caballería,
librará en tierra firme
junto a sus Granaderos
y el apoyo de la Milicia
Un combate de apenas
quince minutos,
los suficientes para diezmarlos,
fiel a su mandato:
liberar a América del yugo español.
Fueron ejemplo de fortaleza
de valentía,
de altruismo.
Encendieron la llama impulsora
para la Emancipación de América.
Hoy, cada 3 de febrero
el Campo de la Gloria
vuelve a ser el escenario
de aquella victoria
y el pueblo sanlorencino
se viste de fiesta.
Los redobles del tambor
reviven la Gloria del
General José de San Martín.

El destino era Lima, esa Lima tan lejana,
bastión de hierro y seda del poder realista.
La independencia americana sueña
en penosa marcha de titanes
y por largos caminos de llanura, mesetas y montaña,
por largos caminos de huella estrecha y escarpada,
se amanece en la gesta de Suipacha,
y luego un duro sueño en los desastres
de Huaqui, Vilcapugio, Ayohuma.
Ni el genio de Belgrano
pudo torcer la historia y…
Lima seguía tan distante.
Y llegó San Martín e instaló la guerra gaucha
y trajo a Güemes, poncho, alarido y lanza guerrera
y pidió por Belgrano para que lo apoyara,
puesto que Manuel es lo mejor que tenemos.
Ellos continuarían el viejo camino
Y él partió hacia Mendoza, los Andes, Chile
y a volar por el mar que tanto amaba.
Y Lima estaría más cerca, para que
en abrazo de gigantes,
cayera el trono realista en América.
La traición, el sufrimiento y la muerte
impedirían ese abrazo.
Pero San Martín llegó a Lima y el Perú fue independiente.

¿Qué decir del héroe que no se haya dicho?
¿Qué virtudes exaltar no descubiertas?
Mi inspiración, insegura, se perturba
cohibida entre el talento y la dialéctica.
Es que los grandes poetas lo han honrado
como Lugones y el canto a granaderos.
Él decía que sus lanzas eran rayos
y sus corazones de templado acero.
Ricardo Rojas en el Santo de la Espada
nos mostraba al militar en su grandeza
con la enorme sencillez de la persona
y los magníficos triunfos y proezas.
Escritores brillantes, con maestría
lo nombraron como el grande entre los grandes.
En la paz, sin egoísmos o ambiciones
O consumando la hazaña de los Andes.
Pablo Neruda en la ofrenda de sus versos
dice padre nuestro que estás en el bronce
y es en esa Oda al General, que pide.
que honrado sea entre los libertadores.
Sólo puedo., entonces, repetir aquello
Con que Olegario V. Andrade lo eterniza :
“No morirá tu nombre
Ni dejará de resonar un día
mientras haya en los Andes una roca
y un cóndor en su cúspide bravía.”
