En Timbúes, frente a los portones de la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA), no hubo quema de gomas ni gritos destemplados. Hubo choferes, un sindicato y un reclamo legítimo. La postal podría parecer rutinaria, pero lo que se denuncia detrás de esa movilización pacífica es un síntoma grave: una cooperativa que parece haber renunciado a los valores que le dieron razón de ser.
ACA no es una empresa más. Por definición, las cooperativas nacen del trabajo, la solidaridad y el compromiso mutuo. Tienen beneficios fiscales porque, en teoría, devuelven a la comunidad un plus de responsabilidad social. Sin embargo, lo que está ocurriendo en Timbúes dista mucho de ese mandato.
El Sindicato de Conductores Sicore expuso que ACA reemplazó a una empresa de traslados local —que tenía a sus choferes en blanco— por agencias que, según el gremio, cuentan con trabajadores precarizados e incluso informales. Peor aún, estas nuevas firmas ni siquiera son de la localidad. El resultado: empleos formales en riesgo, salarios dignos desplazados por monotributistas que pagan una cuota mínima y, como efecto colateral, competencia desleal para quienes sí cumplen la ley.
Esto no es solo un conflicto laboral. Es una decisión política y empresarial que contradice la identidad de una cooperativa. ACA debería ser la primera en garantizar que sus proveedores cumplan las normativas, más aún cuando esos servicios —como el traslado del personal— involucran la seguridad de sus propios trabajadores. Si un accidente “in itinere” ocurriera bajo estas condiciones, ¿qué cara pondrían en los pasillos de la gerencia?
La negligencia —o el cálculo frío— de reemplazar empleos de calidad por contratos baratos no es inocente. Es un mensaje: el costo importa más que la dignidad del trabajador.
Lo más grave no es que esto ocurra en una cooperativa. Lo más grave es que ocurra en esta cooperativa, con la magnitud económica y la influencia de ACA en la región. Una entidad que, por su peso y su historia, debería ser ejemplo y no advertencia. Y más, ya que su Gerente Emilio Perassio, es el Presidente de la Fundación Aportar de la Cámara de Comercio de San Lorenzo.
La Fundación Aportar reza: “Tomando como base los Objetivos de Desarrollo Sustentables propuestos desde Naciones Unidas y de manera de profundizar la labor en el desarrollo sostenible y sustentable de nuestra región, la Fundación tienen a la “Educación de calidad” y el “Fortalecimiento de la sociedad civil” y la “Inclusión laboral”, como principales líneas de acción de trabajo a través de la concreción de diversos Programas de Responsabilidad Social”.
Si la solidaridad de una fundación, el trabajo digno, la inclusión laboral y el compromiso con la comunidad son solo palabras vacías en un estatuto, ACA habrá dejado de ser una cooperativa para convertirse en lo que dice combatir: una empresa más, con fines de lucro por encima de las personas.
