Prof. Guillermo Fiorella

Prof. Guillermo Fiorella

Deporte y salud

Es un hecho generalmente aceptado que la práctica regular del ejercicio físico es importante para obtener un normal crecimiento y maduración de un niño o una niña, y además, una herramienta muy útil, y en esto incluimos a los adultos, para prevenir el desarrollo de enfermedades crónicas degenerativas como la osteoporosis y las enfermedades cardiovasculares.
Sin embargo, en las últimas décadas, a raíz del importante incremento observado en volumen e intensidad de ejercicios de ciertos programas de entrenamiento diseñados para jóvenes que practican deporte, varias organizaciones científicas y profesionales han alertado sobre algunos riesgos que podrían acompañar al desarrollo de estos programas de entrenamiento.
Así es que, un comunicado de  la OMS dice que : “algunos programas para la mejora de la aptitud física podrían ser perjudiciales para los adolescentes si conllevan ejercicios intensos y prolongados con desequilibrio en  porcentaje de composición  corporal masa grasa / masa muscular. .…. Estos sistemas podrían retrasar la maduración sexual, disminuir el crecimiento óseo y, con ello, la estatura…”.
En definitiva, parece que algunos programas de entrenamiento podrían conducir a ciertos desequilibrios hormonales, concretamente a nivel de las hormonas que intervienen simultáneamente tanto en el crecimiento y maduración, como en la respuesta al estrés provocada por el entrenamiento.
Es decir, un entrenamiento físico “excesivo” podría tener un efecto adverso sobre el crecimiento establecido genéticamente para una persona y, en general, sobre su normal desarrollo, desequilibrando los procesos fisiológicos comprometidos, por un lado, con las adaptaciones de los tejidos a la actividad física, y por otro, con el crecimiento y maduración.
Si nos centramos más concretamente en el entrenamiento de la fuerza, durante décadas este tipo de entrenamiento en niños y en adolescentes ha sido un propósito discutido. Hasta no hace mucho, para una gran parte de la comunidad médica y científica, el entrenamiento de la fuerza no era recomendable en estas edades por dos razones: 1) se creía que los bajos niveles hormonales impedirían, teóricamente, el desarrollo de la fuerza; y 2) se temía que en este grupo de población favorecería la aparición de diversas lesiones musculoesqueléticas.
Sin embargo, en los últimos años numerosas organizaciones científicas han ponderado el entrenamiento de fuerza en jóvenes basándose en estudios recientes que muestran cómo, “siguiendo ciertas pautas”, los niños y adolescentes pueden aumentar su fuerza muscular sin perjudicar su normal desarrollo.
En lo que se refiere a la estatura, diversos estudios sugieren que la práctica regular de una actividad física, o la participación en un programa de entrenamiento físico, no influye en el crecimiento en altura, porque en un niño bien alimentado la estatura está regulada principalmente, por su herencia genética. Sin embargo, en general, en estudios  desarrollados con niños y niñas que participan en diferentes deportes desde los 8 hasta los 18 años, se ha observado que son más altos y también más pesados que los niños y niñas que no practican una actividad física regular. Este mayor peso resulta del incremento de la masa muscular y ósea reflejo de una pubertad avanzada por el efecto del entrenamiento, sin olvidarnos de la posible mejora del factor alimentación.
Por lo tanto pienso que lo más conveniente es, hasta que puedan ser definidos los límites de un rango de ejercicio físico saludable, que prevalezca  el sentido común. Para ello, es imprescindible que las personas que trabajan en el deporte con categorías infantiles y juveniles conozcan y respeten los procesos de maduración y crecimiento de los niños y niñas que practican regularmente el deporte o que se encuentran inmersos en un programa de entrenamiento orientado al alto rendimiento deportivo.
En este contexto, surgen muchas dudas y sería conveniente tenerlas presentes a la hora de planificar un programa de entrenamiento para un deportista de estas edades con el fin de no cometer errores que lo perjudiquen.


Lic. Guillermo Fiorella
Gimnasio Fitness

Los informes de la Organización Mundial de la Salud, expresan claramente que uno de los flagelos modernos que provocan una situación crítica en la vida de los habitantes de todo el planeta, es el sedentarismo.
Afecta a la calidad de vida, disminuye la longevidad, perjudica la salud física, psíquica y social, potencia las enfermedades crónicas, aumenta el riesgo de contraer enfermedades no transmisibles como cardiopatías, diabetes, hipertensión, accidentes cerebro vasculares, cáncer de mama y colon, arteriosclerosis, osteoporosis y predispone al consumo de tabaco, alcohol y otros tipos de drogas.
La inactividad física o falta de ejercicio esta considerada uno de los principales factores de riesgo en el desarrollo de las enfermedades cardiacas e incluso se ha establecido una relación directa entre el estilo de vida sedentario y la mortalidad cardiovascular.
El sedentarismo es el resultado de una serie de elementos que han ido conformando una cultura del hombre quieto que tiende a arraigarse en la sociedad, perjudicando la salud de los individuos, sin distinción de género, edad, situación geográfica, clase social, nivel educativo o cultural.
En las sociedades urbanas se vive con un sin número de obligaciones, de tipo laboral, académica, social y con un exagerado desarrollo tecnológico en el que, a edades tempranas se privilegia la poca actividad física y el uso excesivo de televisión, videojuegos, Internet con sus redes sociales, teléfonos celulares, el automóvil como medio de transporte aún en trayectos cortos con el fin de optimizar el tiempo y todo ello asociado a la mala calidad y cantidad de la alimentación.
Sumemos a esto el aumento del delito, la violencia, la disminución de los espacios verdes, la velocidad y densidad del tránsito vehicular, que han dado por tierra con los juegos de la vereda y la plaza. Es común que los padres tengamos preferencia por tener a nuestros hijos seguros y controlados y eso implica falta de movimiento.
"Según informa la OMS el sedentarismo es el cuarto factor de riesgo de muerte en el mundo, y además, es la causa principal de aproximadamente el 21% al 25% de los cánceres de mama y de colon
El aumento de los hábitos de vida propio de las sociedades modernas, la evolución de los sistemas, los nuevos modos de ocio y las causas antes mencionadas, todo, colabora para que niños y mayores asuman como válidos comportamientos claramente sedentarios y, por tanto, perjudiciales para la salud.
Según informa la OMS el sedentarismo es el cuarto factor de riesgo de muerte en el mundo, y además, es la causa principal de aproximadamente el 21% al 25% de los cánceres de mama y de colon, el 27% de los casos de diabetes, cerca del 30% de las enfermedades cardiovasculares y el 80% de los casos de sobrepeso y obesidad.
Hay en el mundo 1.400 millones de personas con sobrepeso de los cuales 40 millones son niños menores de 5 años y la tendencia es hacia arriba. Ha alcanzado niveles realmente alarmantes y la falta de movimiento está presente en todos los casos en combinación con malos hábitos alimenticios y factores genéticos, hereditarios, ambientales, culturales y psicológicos.
No obstante esta cuarta posición en la clasificación, hay que destacar que las causas de muerte que ocupan los primeros lugares en el mundo como cardiopatías, tabaco, cáncer y diabetes, están íntimamente vinculadas al sedentarismo.
Volviendo a los datos de la OMS, centro mi atención en el sedentarismo.¿Por qué? Porque el 30 % de la población mundial padece enfermedades relacionadas al sedentarismo, y el 60 % lleva una vida sedentaria con el riesgo que esto implica.
Esta realidad nos pone frente a la enfermedad no transmisible del siglo XXI.
Reflexionando sobre lo expuesto puedo decir sin temor a equivocarme, que la inactividad física no es simplemente el resultado del modo de vida elegido por una persona. La falta de acceso a espacios abiertos seguros, a instalaciones deportivas y a terrenos de juegos; la subestimación de éste recurso educativo por parte del Estado, los escasos conocimientos que se tienen sobre los beneficios de la actividad física y la insuficiencia de presupuestos destinados a promoverla, puede hacer difícil, si no imposible, empezar a moverse.

Prof. Guillermo Fiorella - Gimnasio Fitness