César Ríos

César Ríos

Director editor Diario Síntesis.

El domingo se llevan a cabo las elecciones en todo el país, para elegir, en su gran mayoría, aquellos precandidatos que desean obtener cargos legislativos. De acuerdo a los resultados del domingo 13 de agosto, los que queden en pie serán los que participarán de las elecciones de octubre, las cuales  serán definitivas para saber quiénes serán los políticos que ocuparán bancas nacionales y locales. En nuestra provincia tenemos la particularidad de que también se eligen a los presidente comunales y, en nuestra zona, a los intendentes de Puerto Gral. San Martín, Fray Luis Beltrán y Roldán. 

Más allá de las consideraciones populares acerca del hartazgo de la política y, en mayor grado, por esta larga campaña, los ciudadanos tenemos que entender que la democracia es el mejor camino que tenemos para transitar hacia un futuro de bienestar, aunque ese bienestar tarde en llegar o nunca llegue. Pero por lo menos es la tendencia, intentar alcanzar algo mejor siempre, en todo momento, con las más leves tentativas, porque ese es el mejor ejercicio de ciudadanía.

Los problemas que nos aquejan no son derivados de una guerra o de una catástrofe, son problemas generados por nosotros mismos. Cristalizamos en la dirigencia política todos nuestros fracasos y los acusamos de la corrupción, la desidia y otros males que permanentemente se renuevan y ahondan. En parte son responsables, porque tienen la posibilidad de realizar cambios de arriba hacia abajo, pero hay que tener en cuenta que la mayoría de los integrantes de la sociedad son iguales, la diferencia es que no están expuestos, salvo cuando los alcanza el brazo de la ley. Entonces, es una contradicción pretender que los dirigentes sean diferentes, porque ellos surgen de las decisiones que, como pueblo, hacemos cada vez que hay una elección.

Dicen por ahí que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen. En realidad tienen los gobiernos que eligen.

El cambio que se pretende debe ser acompañado con un cambio en cada uno de nosotros, de lo contrario el estado de cosas seguirá como siempre. La realidad es un espejo de esas conductas sociales que perturban a la convivencia, que molestan, que agrietan, usando una palabra de moda, pero que no ayudan a entender lo que puede estar ocurriendo en el fondo de todas estas realidades cotidianas.

Por eso, cada vez que hay elecciones debemos intentar votar a conciencia, escuchando, observando las actitudes y el pasado de cada uno de los dirigentes que se postulan. De este modo, si logramos elegir buenas personas (¡ojalá que las encontremos!), muchos de nuestros problemas comenzarán a resolverse.

 

Algunos dicen que criticar porque hacen es lo mismo que criticar por lo que no hacen, en un juego perverso en el que se busca siempre una excusa para reprochar. En realidad, cuando se trata de funcionarios públicos todo vale, porque estamos acostumbrados a criticar porque no hacen las cosas y a criticar porque cuando hacen lo hacen mal, sabiendo que tienen que prever, porque justamente esa es su función inherente. No es lo mismo señalar cosas que hace la gente común, porque la lleva a cabo con buena voluntad y muchas veces con errores por desconocimiento. Pero esto no se aplica al funcionario público, porque cuando hace algo, ese algo está planificado (o debería estarlo) para reducir al mínimo cualquier “error”.

En la ciudad de San Lorenzo venimos asistiendo a un bombardeo de obras en la vía pública que ha terminado por atormentar a todo el mundo. Bienvenidas las obras (no haría falta aclararlo), pero no se ha tomado ningún recaudo para evitar el caos en la circulación vial. 

En el bulevar Urquiza, que conecta con la autopista, se viene realizando el ensanche, con la desidia de no realizar un señalamiento y control adecuados. Lo mismo ocurre en las obras céntricas de la ciudad en las que los inspectores de tránsito brillan por su ausencia. Aunque muchas de esas obras no son realizadas por la municipalidad, deberían coordinar las acciones para evitar el impacto que generan, entre ellas cuando los conductores se encuentran con una calle cerrada y terminan dando vueltas y quedando en extensas colas de los semáforos que ofician de embudos.

Un hecho similar ocurre con las obras que están cerca de las escuelas, que se suman a la ya de por sí concentración de vehículos y de gente que se sucede en los horarios de entrada y salida de los escolares.

Bocinas, quejas, peleas y descontrol se apoderan del ambiente, innecesariamente, porque si hubiera alguna autoridad para dirigir, para informar acerca de los cortes, se evitarían muchos problemas.

Todas estas situaciones caóticas suman mayores niveles de agresividad y coloca a los ciudadanos al borde de sufrir siniestros.

La concreción de la planificación urbana debe estar acorde a los intereses cotidianos de los ciudadanos, como el de circular libremente y con seguridad por su ciudad. Por el solo hecho de ejecutar una obra no se está cumpliendo cabalmente con el deber de funcionario, va más allá, el sentido completo de una obra debe abarcar hasta los detalles logísticos más ínfimos, para evitar ese tipo de problemas que terminan fastidiando en vez de alegrarnos.

 

En la editorial anterior, hacia el final, quedó como una amarga sensación de que la justicia es difícil conseguirla. Fue una postura más filosófica que práctica, seguramente aquellos que tienen el oficio de trabajar en la justicia, ya entendida como la aplicación de las normas en la vida cotidiana, hayan pensado que el sabor anárquico de ese final no era positivo. Pero en fin, fue dicho desde el soberbio atrevimiento que permite filosofar sobre algunas cuestiones.

Ahora, el punto es más práctico, pues tiene que ver con ese fenomenal operativo que se realizó en el mundo para terminar con esa oscura presencia maligna que existe detrás (o en el interior) de Internet.

Autoridades de Estados Unidos, con la actuación del FBI, la DEA, la policía nacional de Holanda y Europol, han logrado desarticular el portal AlphaBay, uno de los sitios más peligrosos de la web, en la que más de 40.000 vendedores ofertaban drogas, armas, programas informáticos maliciosos, datos personales y todo lo que sirva para el delito y el terrorismo.

También se logró cerrar Hansa Market, otro sitio de gran alcance en el mercado negro y ambos se suman a otro cerrado hace tres años, Silk Road, que llegó a ofrecer 14.000 productos de estas características.

Quien estaba al frente de AlphaBay era Alexandre Cazes, oriundo de Canadá pero con residencia en Tailandia desde hacía años, y quien contaba con una monumental fortuna, con propiedades en varios países y con millones de dólares en moneda virtual, que es la que se utiliza para este tipo de transacciones. Esta persona fue arrestada a principios de julio, pero se suicidó mientras se encontraba en custodia policial.

Este operativo es considerado el mayor realizado hasta el presente para atacar el cibercrimen, esa nueva modalidad delictiva que se ampara en el anonimato y en la oscuridad de la trama tecnológica que siempre se creyó que estaba fuera del alcance de la justicia.

No es un dato menor para comenzar a pensar en que la realidad profunda de las actividades virtuales, terminen siendo alcanzadas por ese orden que la sociedad eligió para evitar esa “guerra de todos contra todos”, que suele desatarse cuando unos pocos creen que todo lo pueden, que agreden y corroen a las sociedades que pretenden organizarse y vivir en paz.

Es un mensaje también para los individuos, que creen que el anonimato de la red les permite decir cualquier cosa sin tener la responsabilidad al respecto. No faltará mucho tiempo en que la justicia llegue a la red para impartir lo que corresponde. Aunque siempre sea un anhelo, porque la vida virtual de la red es el espejo de la realidad misma.