César Ríos

César Ríos

Director editor Diario Síntesis.

Parte II

 Esta segunda parte de la nota editorial no estaba prevista, surge a raíz de un hecho acontecido durante esta semana y que tiene que ver con los planteamientos del número anterior, respecto a los problemas que generan los grandes edificios en una ciudad que no está preparada para soportar la magnitud de personas y de consumo que surgen al habitar estos edificios.

El martes a la tarde, el edificio que pertenece a la UCI (Unión de Comerciantes e Industriales de San Lorenzo), utilizando una manguera de color azul, comenzó a verter hacia la calle grandes cantidades de agua (todavía no se sabe su procedencia), lo que generó problemas y molestias a vecinos y transeúntes. La esquina de Gral. López y Ricchieri se inundó y en el lugar una señora mayor se resbaló y estuvo a punto de caer en el gran charco de agua que todavía existía durante la noche. El líquido también se concentró en la esquina de Gral. López y Dr. Ghío. En fin, todos saben lo que significa tanta cantidad de agua acumulada en la calle y no como consecuencia de la lluvia, precisamente.

Otro de los problemas planteados por vecinos del lugar tiene que ver con la disposición de los residuos (y de la conducta de algunos vecinos que habitan en esos edificios), porque indicaron que una vecina salió del edificio de la UCI y llevó una bolsa de residuos domiciliarios que dejó sobre la tapa del contenedor: ¡ni siquiera se molestó en abrirlo para dejar la basura en su interior!.

Esta segunda parte de la nota editorial, refleja cabalmente lo que decía la semana pasada, respecto a problemas que surgen porque las autoridades no los tuvieron en cuenta o los pasaron por alto.

No se trata de estar en contra de la construcción de  edificios, se trata de ejercer un control que armonice el medio ambiente con el proyecto en cuestión, para evitar en el futuro los problemas que están apareciendo día a día por no haberlos previsto en su momento.

La voracidad de algunos responsables de llevar a cabo estos proyectos, jactándose de los modernos y seguros sistemas de construcción, sin tener en cuenta el impacto negativo en la vecindad, debe llamar a las autoridades a ejercer un control más estricto y a establecer reglas acordes a la convivencia y a las posibilidades de proveer los servicios correspondientes. De otro modo, algunos pocos seguirán lucrando con la desgracia ajena.

 

En la ciudad de San Lorenzo se vienen desarrollando emprendimientos edilicios desde hace mucho tiempo y las diferentes ordenanzas aprobadas en los últimos tiempos han sido laxas, respecto a las restricciones que deberían hacerse debido al impacto ambiental que generan. Y no solamente sobre las cuestiones acústicas y del entorno donde se construye, sino también porque la ciudad no estaria preparada para soportar un desborde de construcción de grandes edificios que crecen como hongos en cualquier parte.

La infraestructura básica de los servicios de agua, gas, luz y cloacas, puede verse colapsada por tan tremendo crecimiento. Es de imaginar que en una cuadra donde habitan 20 ó 30 personas, el número se elevará a cien. También hay que tener en cuenta los contenedores de residuos que pueden resultar insuficientes y la gran cantidad de vehículos que ingresan a un edificio, con el interminable problema que ya existe con el tránsito vehicular en la ciudad.

Es de imaginarse que en los edificios que se están construyendo se tendrán en cuenta las cuestiones de seguridad, porque en lo que respecta a siniestros la experiencia ha sido pésima, al quedar en evidencia la falta de elementos de los bomberos para asistir en casos de alturas, como ocurrió hace algunos años con la muerte de una persona en el edificio de calle Tucumán, que tiene pocos pisos de altura.

Ha ocurrido con el caso de los barrios privados, donde se hizo muy difícil a los propietarios lograr tener las escrituras porque el emprendimiento no contaba con la aprobación de medio ambiente de la provincia.

Pero en el caso de los edificios en torre es diferente, el planteamiento se centra en la posibilidad del colapso de algunos servicios, porque la infraestructura no está diseñada para este crecimiento desmedido. Solamente la voracidad de algunos operadores de estas obras conlleva el peligro de que todos los ciudadanos suframos las consecuencias el día de mañana, por no haber contemplado estas cuestiones, que no forman parte de sus inversiones, pero que atañen al conjunto de la sociedad que vivirá una merma en los servicios básicos. 

Está en las autoridades velar para que estas situaciones se analicen y, llegado el caso, actuar con legislaciones más coherentes a la hora de aprobar emprendimientos que es negocio de unos pocos en detrimento del bien general de la población.

 

05 Mayo 2017

Es por eso

Más allá de las disquisiciones técnicas judiciales que puedan surgir a partir del ominoso fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, respecto a la aplicación del 2 x 1 en una caso de delito de lesa humanidad, no se debe perder de vista la cuestión de fondo, que es estar frente a graves delitos cometidos por el Estado, una cuestión que mucha gente soslaya o no entiende por no interesarse en lo que ocurrió durante la dictadura militar.

Ahora se intenta dirimir la cuestión sobre si los militares terminaron con la violencia de las organizaciones armadas revolucionarias y devolvieron la paz al país, o si esos revolucionarios armados eran la juventud maravillosa que pensaba diferente y fueron arrasados. Estos extremos no ayudan a entender la historia y, mucho menos, a intentar cerrar una grieta que no es tal, que es un invento de ambas partes para seguir con sus ideologías de café y de redes sociales, con una forma de hacer política que los limita a intentar parchar problemas y maquillar la realidad en sus respectivos gobiernos.

Se podrá discutir esa historia con el instrumento de la ideología, pero lo que no se puede admitir es el método que se utilizó con las herramientas del Estado. Muchos se olvidan que la tortura formó parte cotidiana de los detenidos, que muchos de ellos desaparecieron, que robaron niños, que robaron bienes, que torturaban por puro placer, no lo cachetada de película para extraer información. La cruda verdad, la insoportable realidad de aquellos días estuvo bañada en sangre, y no es lugar oportuno en esta editorial describir los horrores y los padecimientos a los que fueron sometidos miles de personas, por la simple y macabra actitud de torturar, de regodearse con el sufrimiento del otro.

Hugh Bicheno, ex – oficial del servicio de inteligencia inglés destacado durante décadas en Latinoamérica, hoy un avezado escritor de historias militares, quien escribió un formidable libro sobre la guerra de Malvinas, “Al filo de la navaja”, cuenta en la introducción: “He conocido a varios ´guerreros sucios´, pero mi única experiencia personal de su metodología provino de un sargento de policía guatemalteco mestizo a quien sencillamente le gustaba oír gritar de dolor a los hombres blancos. La sola idea de caer en manos de los soldados  de Cristo Rey que condujeron la guerra sucia argentina me produce escalofríos, porque sé que me habrían torturado hasta que, faltando a la verdad, hubiera confesado aquello que anhelaban oír, con el horror agregado de mi inmediata muerte anónima”.

Es apenas una vislumbre de una metodología que abreva en la barbarie y que debe ser recordada, investigada y ajusticiada. Por eso memoria, verdad y justicia.