Viernes, 05 Mayo 2017 00:00

Es por eso

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Más allá de las disquisiciones técnicas judiciales que puedan surgir a partir del ominoso fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, respecto a la aplicación del 2 x 1 en una caso de delito de lesa humanidad, no se debe perder de vista la cuestión de fondo, que es estar frente a graves delitos cometidos por el Estado, una cuestión que mucha gente soslaya o no entiende por no interesarse en lo que ocurrió durante la dictadura militar.

Ahora se intenta dirimir la cuestión sobre si los militares terminaron con la violencia de las organizaciones armadas revolucionarias y devolvieron la paz al país, o si esos revolucionarios armados eran la juventud maravillosa que pensaba diferente y fueron arrasados. Estos extremos no ayudan a entender la historia y, mucho menos, a intentar cerrar una grieta que no es tal, que es un invento de ambas partes para seguir con sus ideologías de café y de redes sociales, con una forma de hacer política que los limita a intentar parchar problemas y maquillar la realidad en sus respectivos gobiernos.

Se podrá discutir esa historia con el instrumento de la ideología, pero lo que no se puede admitir es el método que se utilizó con las herramientas del Estado. Muchos se olvidan que la tortura formó parte cotidiana de los detenidos, que muchos de ellos desaparecieron, que robaron niños, que robaron bienes, que torturaban por puro placer, no lo cachetada de película para extraer información. La cruda verdad, la insoportable realidad de aquellos días estuvo bañada en sangre, y no es lugar oportuno en esta editorial describir los horrores y los padecimientos a los que fueron sometidos miles de personas, por la simple y macabra actitud de torturar, de regodearse con el sufrimiento del otro.

Hugh Bicheno, ex – oficial del servicio de inteligencia inglés destacado durante décadas en Latinoamérica, hoy un avezado escritor de historias militares, quien escribió un formidable libro sobre la guerra de Malvinas, “Al filo de la navaja”, cuenta en la introducción: “He conocido a varios ´guerreros sucios´, pero mi única experiencia personal de su metodología provino de un sargento de policía guatemalteco mestizo a quien sencillamente le gustaba oír gritar de dolor a los hombres blancos. La sola idea de caer en manos de los soldados  de Cristo Rey que condujeron la guerra sucia argentina me produce escalofríos, porque sé que me habrían torturado hasta que, faltando a la verdad, hubiera confesado aquello que anhelaban oír, con el horror agregado de mi inmediata muerte anónima”.

Es apenas una vislumbre de una metodología que abreva en la barbarie y que debe ser recordada, investigada y ajusticiada. Por eso memoria, verdad y justicia.

 

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César Ríos

Director editor Diario Síntesis.

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