San Lorenzo sin PAMI: murió una abuela tras ser rechazada de cinco sanatorios

Beatriz Isasa tenía 83 años y era afiliada a PAMI.

 

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Beatriz, en la última foto que se tomó, con sus regalos de cumpleaños.

La edad la llevaba muy bien. Hacía teatro, participaba del coro municipal, guardaba como oro una foto donde fue distinguida por el intendente Leonardo Raimundo y el Dr. Eduardo Ros, participaba de la Red Gerontológica, del Parlamento de la 3ra edad, del Club de los Abuelos y también disfrutaba de sus nietos, acompañaba a sus hijos y hacía poco había vuelto de un viaje y celebrado su cumpleaños con toda su familia. A quienes hacía mucho no veía, les mostró orgullosa ese día las distinciones que había recibido por su trabajo con la tercera edad.

Una caída inesperada, que parecía ser solo un golpe, derivó en que el lunes 12 de junio pasado, deambulara durante cuatro horas buscando un lugar donde la internen y le brinden el derecho humano a la salud. Es que Beatriz, como miles de abuelos y abuelas de San Lorenzo y, también del Cordón Industrial, era afiliada a PAMI.

La obra social de los jubilados, desde hacía pocos días no recibía más pacientes para internación en su ciudad. Las respuestas de PAMI a las cientos de consultas, era que serían recibidos en el Sanatorio Laprida, o Rosendo García o algún otro que les corresponda en la ciudad de Rosario. Pero la realidad indicó otra cosa cuando cinco sanatorios le negaron atención, mientras buscaba ayuda urgente a bordo de una ambulancia.

Según contaron sus hijas Graciela y Liliana Gallegos a SÍNTESIS, Beatriz estaba muy bien y lúcida, hasta que el lunes alrededor de las 20 hs. sufrió una caída que aparentemente no revestía gravedad, por lo que fue por sus propios medios, junto a sus dos hijas, a la Clínica 21 de Diciembre de San Lorenzo. Allí fue atendida por el cuadro que presentaba, aparentemente solo un dolor de espalda por el golpe de la caída. El médico, según sus hijas, “la atendió muy bien y le recetó una placa para el día siguiente y que tomara Paracetamol”.

Al llegar a la casa, su hija Graciela le dio la pastilla, pero no logró tomarla. Beatriz comenzó a decir que sentía algo raro en la garganta, que no le permitía ni ingerir agua, le faltaba el aire. Fue así que llamaron al servicio de emergencias privado AMCE, con el cual contaba de modo particular. En 15 minutos llegó la ambulancia y ella tenía cada vez menos voz y se le cerraba la garganta, contaron consternadas sus hijas y explicaron: “el médico de AMCE cuando empezó a ver que él no iba a poder con el cuadro, que se le estaba cerrando la glotis, comenzó a llamar urgente a sanatorios, para poder internarla”.

“El médico llamaba a Rosario y desde el Laprida, que le correspondía por no estar más el MASA con atención para PAMI en el Instituto Médico Regional, le dijeron que no. Así en cinco sanatorios”, contó su hija Liliana quien recordó que “veíamos la desesperación del médico, del camillero, del enfermero que le inyectó algo para abrir las vías respiratorias, pero nada funcionaba. En el Laprida no la aceptaron, tampoco en Rosendo García, Delta, Plaza, cinco sanatorios llamó y no la tomaban, porque su nombre no figuraba en ningún lado por PAMI”.

Fue así que el médico decidió llevarla de urgencia al hospital Eva Perón de Granadero Baigorria, donde la atendieron en la guardia y dada la gravedad con la que ya llegó les dijeron que no podían hacer nada ahí, la derivaron urgente a la sala de terapia intensiva en PAMI II de Rosario. Les aseguraron que allí la tenían que atender.

Una caravana de autos fue detrás de la ambulancia, con sus nietas e hijas, tratando de seguir al vehículo que a toda velocidad buscaba una solución con Beatriz empeorando minuto a minuto.

“En el PAMI II estuvieron media hora para decirnos que no, que ahí tampoco la iban a atender y el médico de AMCE le pidió desesperado que les digan a donde llevarla porque se estaba muriendo en la ambulancia”, dijo Liliana y recordó: “le dijeron que “de última” la lleven al Italiano”.

Hacia allí fueron, donde cerca de la una de la madrugada (a las 21 AMCE había asistido al domicilio), ingresó en una guardia provisoria. Allí la atendió una médica y le dijeron que no había lugar, que no había cama. Sin embargo, la llevaron a hacer tomografías, durante las cuales hizo dos paros cardíacos, y en el segundo murió.

Graciela contó que la médica que la atendió en última instancia les explicó que “con el golpe se le hizo un derrame, un edema, que le provocó sangrado que en lugar de salir se le fue para adentro afectando a los pulmones, esófago y la glotis”.

“El cuadro se agravó por el hecho de que nadie nos había atendido durante tanto tiempo. Si hubiera tenido una atención rápida esto no hubiera pasado”, dijo Liliana, quien al salir del hospital Eva Perón ya había sospechado lo peor: “mi mamá cuando salió del Baigorria me hizo una seña con el dedo, diciendo ‘no’. Se estaba dando cuenta de todo”.

Fue un recorrido de cuatro horas, donde en más de cinco sanatorios no la quisieron atender. PAMI parece ser lo mismo que una credencial a la muerte, para los abuelos y abuelas de la región, que ante imprevistos, como la mayoría de los casos en temas de salud, no responde, o responde tarde.

“Este fue el peregrinar que tuvimos, pero que va a sufrir cualquier persona que tenga una situación igual. Fue una urgencia y no encontramos que nadie nos diera el lugar. Es mentira que el Laprida los acepta, pedimos que en PAMI dejen de mentir, porque eso no es verdad”, dijeron sus hijas y aclararon: “los médicos de AMCE nos dijeron que todos los días padecen esta situación, van con los viejitos en la ambulancia y no saben dónde internarlos”.

Con el dolor reciente, sus hijas quisieron hacer visible lo que debieron pasar, porque saben que es el caso de miles de jubilados y pensionados de la zona. Ahora, piden que puedan unirse los familiares y las víctimas del sistema de abandono de PAMI, y puedan llegar a movilizaciones o actividades de lucha conjunta para solucionar esta situación, que cuesta vida.

 

Flavia Campeis